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9 de abril de 2025

Michel Saer

Piensa que de nieves cumbreras es el agua que bebes

Sin importar su definición o su origen, es innegable que el pensamiento le da forma y sentido al mundo del hombre. En otras palabras, su mundo es concebido a través de su pensar. Por lo tanto, es plausible argumentar que, sin el acto del pensamiento, su realidad carecería de exi…

Ilustración de Piensa que de nieves cumbreras es el agua que bebes

Sin importar su definición o su origen, es innegable que el pensamiento le da forma y sentido al mundo del hombre. En otras palabras, su mundo es concebido a través de su pensar. Por lo tanto, es plausible argumentar que, sin el acto del pensamiento, su realidad carecería de existencia; en esencia, su realidad es una manifestación de su pensamiento.

Pero si no existiésemos, entonces:

Existe el pensamiento por sí mismo; o es un fenómeno emergente de cerebros biológicos, y sin humanos no habría pensamiento, solo procesos físicos ciegos.

Lo real es realidad en si misma; o Sin un observador, no hay “mundo”, solo potencialidad caótica (Kant),

¿Es el hombre otra ‘cosa’ de la realidad; o si la realidad es pensamiento, ¿el hombre es su “instrumento” o su “fuente”? ¿O acaso el universo se piensa a través del hombre (como en Teilhard de Chardin)?

Tres cerditos:

El pensamiento precede al hombre: Hay una inteligencia o lógica inherente al cosmos (Hegel, Whitehead). La realidad es auto pensante, y el hombre es su manifestación local.

El pensamiento es un accidente humano: Sin nosotros, solo quedaría lo físico bruto (materialismo). La “realidad” sería un término vacío sin testigos.

La distinción es falsa: Pensamiento y realidad son co-emergentes, como polos de un mismo proceso (budismo madhyamika, Deleuze). No hay “cosa-en-sí” ni “sujeto puro”, solo interdependencia.

La hondura de la pregunta:

Antropocentrismo: “El mundo existe porque lo pienso” (Descartes).

Cosmocentrismo: “El pensamiento existe porque el mundo es inteligible” (Einstein).

Quizá la respuesta no esté en elegir un bando, sino en disolver la pregunta misma: si realidad y pensamiento son inseparables, entonces el hombre no es su dueño, sino su lugar de encuentro. Como dijo Rilke: “No estamos aquí para observar, sino para ser la observación misma”.

¿Es el universo un tejido de pensamiento que nos trasciende, o somos nosotros quienes tejemos el universo al pensarlo?

Tal vez, todo es una ilusión y nunca sabremos qué o quién está detrás de ella, y simplemente debemos pensar menos y vivir más.